domingo, 3 de marzo de 2013

José Enrique Rodó: Ariel (1900)


VI



[No existe pueblo verdaderamente grande para la historia, sin un ideal desinteresado. No basta la grandeza material para la gloria de los pueblos. Ejemplos históricos. El pensamiento y la grandeza material de las ciudades. Aplicación de lo anterior a las condiciones de la vida de América.Confianza en el porvenir. Nos toca trabajar en beneficio del porvenir. La dignidad humana exige que se piense en lo futuro y se trabaje para él. Simbolismo de Ariel.] Ante la posteridad, ante la historia, todo gran pueblo debe aparecer como una vegetación cuyo desenvolvimiento ha tendido armoniosamente a producir un fruto en el que su savia acrisolada ofrece al porvenir la idealidad de su fragancia y la fecundidad de su simiente. — Sin este resultado duradero, humano, levantado sobre la finalidad transitoria de lo útil, el poder y la
grandeza de los imperios no son más que una noche de sueño en la existencia de la humanidad; porque, como las visiones personales del sueño, no merecen contarse en el encadenamiento de los hechos que forman la trama activa de la vida. Gran civilización, gran pueblo, en la acepción que tiene valor para la historia, son aquellos que, al desaparecer materialmente en el tiempo, dejan vibrante para siempre la melodía surgida de su espíritu y hacen persistir en la posteridad su legado imperecedero — según dijo Carlyle del alma de sus «héroes»: como una nueva y divina porción de la suma de las cosas. Tal, en el poema de Goethe, cuando la Elena evocada del reino de la noche vuelve a descender al Orco sombrío, deja a Fausto su túnica y su velo. Estas vestiduras no son la misma deidad; pero participan, habiéndolas llevado consigo, de su alteza divina, y tienen la virtud de elevar a quien las posee, por encima de las cosas vulgares.


             Una sociedad definitivamente organizada que limite su idea de la civilización a acumular abundantes elementos de prosperidad y su idea de la justicia a distribuirlos equitativamente entre los asociados, no hará de las ciudades donde habite nada que sea distinto, por esencia,
del hormiguero o la colmena. No son bastantes, ciudades populosas, opulentas, magníficas, para probar la constancia y la intensidad de una civilización. La gran ciudad es, sin duda, un organismo necesario de la alta cultura. Es el ambiente natural de las más altas manifestaciones
del espíritu. No sin razón ha dicho Quinet que «el alma que acude a beber fuerzas y energías en la íntima comunicación con el linaje humano, esa alma que constituye al grande hombre, no puede formarse y dilatarse en medio de los pequeños partidos de una ciudad pequeña». 
            Pero así la grandeza cuantitativa de la población como la grandeza material de sus instrumentos, de sus armas, de sus habitaciones, son sólo medios del genio civilizador y en ningún caso
resultados en los que él pueda detenerse. 


             De las piedras que compusieron a Cartago, no dura una partícula transfigurada en espíritu y en luz. La inmensidad de Babilonia y de Nínive no representa en la memoria de la humanidad el hueco de una mano, si se la compara con el espacio que va desde la Acrópolis al Pireo. Hay una perspectiva ideal en la que la ciudad  no aparece grande sólo porque prometa ocupar el área inmensa que había edificada en torno a la torre de Nemrod; ni aparece fuerte sólo porque sea capaz de levantar de nuevo ante sí los muros babilónicos sobre los que era posible hacer pasar seis carros de frente; ni aparece hermosa sólo porque, como Babilonia, luzca en los paramentos de sus palacios losas de alabastro y se enguirnalde con los jardines de Semíramis.
         Grande es en esa perspectiva la ciudad, cuando los arrabales de su espíritu alcanzan más allá de las cumbres y los mares, y cuando, pronunciando su nombre, ha de iluminarse para la posteridad toda una jornada de la historia humana, todo un horizonte del tiempo. 


            La ciudad es fuerte y hermosa cuando sus días son algo más que la invariable repetición de un mismo eco, reflejándose indefinidamente de uno en otro círculo de una eterna espiral; cuando hay algo en ella que flota por encima de la muchedumbre; cuando entre las luces que se encienden durante sus noches está la lámpara que acompaña la soledad de la vigilia inquietada por el pensamiento y en la que se incuba la idea que ha de surgir al sol del otro día convertida en el grito que congrega y la fuerza que conduce las almas.
             Entonces sólo, la extensión y la grandeza material de la ciudad pueden dar la medida para calcular la intensidad de su civilización.  Ciudades regias, soberbias aglomeraciones de casas, son para el pensamiento un cauce más inadecuado que la absoluta soledad del desierto, cuando el pensamiento no es el señor que las domina.


              Leyendo el Maud de Tennyson, hallé una página que podría ser el símbolo de este tormento del espíritu allí donde la sociedad
humana es para él un género de soledad. Presa de angustioso delirio, el héroe del poema se sueña muerto y sepultado, a pocos pies dentro de tierra, bajo el pavimento de una calle de Londres. A pesar de la muerte, su conciencia permanece adherida a los fríos despojos de su cuerpo. El clamor confuso de la calle, propagándose en sorda vibración hasta la estrecha cavidad de la tumba, impide en ella todo sueño de paz. El peso de la multitud indiferente gravita a toda hora sobre la triste prisión de aquel espíritu y los cascos de los caballos que pasan, parecen empeñarse en estampar sobre él un sello de oprobio. 
            Los días se suceden con lentitud inexorable. La aspiración de Maud consistiría en hundirse más dentro, mucho más dentro, de la tierra. El ruido ininteligente del tumulto sólo sirve para mantener en su
conciencia desvelada el pensamiento de su cautividad.


               Existen ya, en nuestra América latina, ciudades cuya grandeza material y cuya suma de civilización aparente, las acercan con acelerado paso a participar del primer rango en el mundo. Es necesario temer que el pensamiento sereno que se aproxime a golpear sobre las
exterioridades fastuosas, como sobre un cerrado vaso de bronce, sienta el ruido desconsolador del vacío. Necesario es temer, por ejemplo, que ciudades cuyo nombre fue un glorioso símbolo en América; que tuvieron a Moreno, a Rivadavia, a Sarmiento; que llevaron la iniciativa de una
inmortal Revolución; ciudades que hicieron dilatarse por toda la extensión de un continente, como en el armonioso desenvolvimiento de las ondas concéntricas que levanta el golpe de la piedra sobre el agua dormida, la gloria de sus héroes y la palabra de sus tribunos, puedan
terminar en Sidón, en Tiro, en Cartago.
            A vuestra generación toca impedirlo; a la juventud que se levanta, sangre y músculo y nervio del porvenir. Quiero considerarla personificada en vosotros. Os hablo ahora figurándome que sois destinados a guiar a los demás en los combates por la causa del espíritu. 


            La perseverancia de vuestro esfuerzo debe identificarse en vuestra intimidad con la certeza del triunfo. No desmayéis en predicar el Evangelio de la delicadeza a los escitas, el Evangelio de la inteligencia a los beocios, el Evangelio del desinterés a los fenicios.
Basta que el pensamiento insista en ser, en demostrar que existe, con la demostración que daba Diógenes del movimiento, para que su dilatación sea ineluctable y para que su triunfo sea seguro.
            El pensamiento se conquistará, palmo a palmo, por su propia espontaneidad, todo el espacio de que necesite para afirmar y consolidar su reino, entre las demás manifestaciones de la vida. El, en la organización individual, levanta y engrandece, con su actividad continuada, la bóveda del cráneo que le contiene. Las razas pensadoras revelan, en la capacidad creciente de sus cráneos, ese empuje del obrero interior. El, en la organización social, sabrá también engrandecer la capacidad de su escenario, sin necesidad de que para ello intervenga ninguna fuerza ajena a él mismo. Pero tal persuasión que debe defenderos de un desaliento cuya única utilidad consistiría en eliminar a los mediocres y los pequeños, de la lucha, debe preservaros también de las impaciencias que exigen vanamente del tiempo la alteración de su
ritmo imperioso.


             Todo el que se consagre a propagar y defender, en la América contemporánea, un ideal desinteresado del espíritu, arte, ciencia, moral, sinceridad religiosa, política de ideas, debe educar su voluntad en el culto perseverante del porvenir. El pasado perteneció todo entero al
brazo que combate, el presente pertenece, casi por completo también, al tosco brazo que nivela y construye; el porvenir — un porvenir tanto más cercano cuanto más enérgicos sean la voluntad y el pensamiento de los que ansían — ofrecerá, para el desenvolvimiento de superiores
facultades del alma, la estabilidad, el escenario y el ambiente.
                ¿No la veréis vosotros, la América que nosotros soñamos; hospitalaria para las cosas del espíritu, y no tan sólo para las muchedumbres que se amparen a ella; pensadora, sin menoscabo de su aptitud para la acción; serena y firme a pesar de sus entusiasmos generosos; resplandeciente con el encanto de una seriedad temprana y suave, como la que realza la expresión de un rostro infantil cuando en él se revela, al través de la gracia intacta que fulgura, el pensamiento inquieto que despierta?... 
             Pensad en ella a lo menos; el honor de vuestra historia futura depende de que tengáis constantemente ante los ojos del alma la visión de esa América regenerada, cerniéndose de lo alto sobre las realidades del presente, como en la nave gótica el vasto rosetón que arde en la luz sobre lo austero de los muros sombríos. — No seréis sus fundadores, quizá; seréis los precursores que inmediatamente la precedan. En las
sanciones glorificadoras del futuro, hay también palmas para el recuerdo de los precursores. 



Edgar Quinet, que tan profundamente ha penetrado en las armonías de la historia y la naturaleza, observa que para preparar el advenimiento de un nuevo tipo humano, de una nueva unidad social, de una personificación nueva de la civilización, suele precederles de lejos un grupo disperso y prematuro, cuyo papel es análogo en la vida de las sociedades al de las especies proféticas de que a propósito de la evolución biológica habla Héer. El tipo nuevo empieza por significar, apenas, diferencias individuales y aisladas; los individualismos se
organizan más tarde en «variedad»; y por último, la variedad encuentra para propagarse un medio que la favorece, y entonces ella asciende quizá al rango específico: entonces — digámoslo con las palabras de Quinet — el grupo se hace muchedumbre, y reina.
               He ahí por qué vuestra filosofía moral en el trabajo y el combate debe ser el reverso del carpe diem horaciano; una filosofía que no se adhiera a lo presente sino como al peldaño donde afirmar el pie o como a la brecha por donde entrar en muros enemigos. 


                 No aspiréis, en lo inmediato, a la consagración de la victoria definitiva, sino a procuraros mejores condiciones de lucha. Vuestra energía viril tendrá con ello un estímulo más poderoso; puesto que hay la virtualidad de un interés dramático mayor en el desempeño de ese papel, activo esencialmente, de renovación y de conquista, propio para acrisolar las fuerzas de una generación heroicamente dotada, que en la serene y olímpica actitud que suelen las edades de oro del espíritu imponer a los oficiantes solemnes de su gloria.
           «No es la posesión de los bienes, — ha dicho profundamente Taine, hablando de las alegrías del Renacimiento; — «no es la posesión de bienes, sino su adquisición, lo que da a los hombres el placer y el sentimiento de su fuerza».


               Acaso sea atrevida y candorosa esperanza creer en un aceleramiento tan continuo y dichoso de la evolución, en una eficacia tal de vuestro esfuerzo, que baste el tiempo concedido a la duración de una generación humana para llevar en América las condiciones de la vida
intelectual, desde la incipiencia en que las tenemos ahora, a la categoría de un verdadero interés social y a una cumbre que de veras domine. —   
                Pero, donde no cabe la transformación total, cabe el progreso; y aun cuando supiérais que las primicias del suelo penosamente
trabajado, no habrían de servirse en vuestra mesa jamás, ello sería, si sois generosos, si sois fuertes, un nuevo estímulo en la intimidad de vuestra conciencia. La obra mejor es la que se realiza sin las impaciencias del éxito inmediato; y el más glorioso esfuerzo es el que pone la esperanza más allá del horizonte visible; y la abnegación más pura es la que se niega en lo presente no ya la compensación del lauro y el honor ruidoso, sino aun la voluptuosidad moral que se solaza en la contemplación de la obra consumada y el término seguro.


Hubo en la antigüedad altares para los «dioses ignorados». Consagrad una parte de vuestra alma al porvenir desconocido. A medida que las sociedades avanzan, el pensamiento del porvenir entra por mayor parte como uno de los factores de su evolución y una de las inspiraciones de sus obras. Desde la imprevisión oscura del salvaje, que sólo divisa del futuro lo que falta para terminar de cada período de sol y no concibe cómo los días que vendrán pueden ser gobernados en parte desde el presente, hasta nuestra preocupación solícita y previsora de la posteridad, media un espacio inmenso, que acaso parezca breve y miserable algún día. 
           Sólo somos capaces de progreso en cuanto lo somos de adaptar nuestros actos a condiciones cada vez más distantes de nosotros, en el espacio y en el tiempo. La seguridad de nuestra intervención en una obra que haya de sobrevivirnos, fructificando en los beneficios del
futuro, realza nuestra dignidad humana, haciéndonos triunfar de las limitaciones de nuestra naturaleza. Si, por desdicha, la humanidad hubiera de desesperar definitivamente de la inmortalidad de la conciencia individual, el sentimiento más religioso con que podría sustituirla sería el que nace de pensar que, aun después de disuelta nuestra alma en el seno de las cosas, persistiría en la herencia que se transmiten las generaciones humanas lo mejor de lo que ella ha sentido y ha soñado, su esencia más íntima y más pura, al modo como el rayo lumínico de la estrella extinguida persiste en lo infinito y desciende a acariciarnos con su melancólica luz.


                El porvenir es en la vida de las sociedades humanas el pensamiento idealizador por excelencia. De la veneración piadosa del pasado, del culto de la tradición, por una parte, y por la otra del
atrevido impulso hacia lo venidero, se compone la noble fuerza que levantando el espíritu colectivo sobre las limitaciones del presente comunica a las agitaciones y los sentimientos sociales un sentido ideal. Los hombres y los pueblos trabajan, en sentir de Fouillée, bajo la
inspiración de las ideas, como los irracionales bajo la inspiración de los instintos; y la sociedad que lucha y se esfuerza, a veces sin saberlo, por imponer una idea a la realidad, imita, según el mismo pensador, la obra instintiva del pájaro que, al construir el nido bajo el imperio de una imagen interna que le obsede, obedece a la vez a un recuerdo inconsciente del pasado y a un presentimiento misterioso del porvenir.


Eliminando la sugestión del interés egoísta, de las almas, el pensamiento inspirado en la preocupación por destinos ulteriores a nuestra vida, todo lo purifica y serena, todo lo ennoblece; y es un alto honor de nuestro siglo el que la fuerza obligatoria de esa preocupación por lo futuro, el sentimiento de esa elevada imposición de la dignidad del ser racional, se hayan manifestado tan claramente en él, que aun en el seno del más absoluto pesimismo, aun en el seno de la amarga filosofía que ha traído a la civilización occidental, dentro del loto de Oriente, el amor de la disolución y la nada, la voz de Hartmann ha predicado, con la apariencia de la lógica, el austero deber de continuar la obra del perfeccionamiento, de trabajar en beneficio del porvenir, para que, acelerada la evolución por el esfuerzo de los hombres, llegue ella con más rápido impulso a su término final, que será el término de todo dolor y toda vida. Pero no, como Hartmann, en nombre de la muerte, sino en el de la vida misma y la esperanza, yo os pido una parte de vuestra alma para la obra del futuro. 
        — Para pedíroslo, he querido inspirarme en la imagen dulce y serena de mi Ariel. — El bondadoso genio en quien Shakespeare acertó a infundir, quizá con la divina inconsciencia frecuente en las adivinaciones geniales, tan alto simbolismo, manifiesta claramente en la estatua su significación ideal, admirablemente traducida por el arte en líneas y contornos. 


Ariel es la razón y el sentimiento superior. Ariel es este sublime instinto de perfectibilidad, por cuya virtud se magnifica y convierte en centro de las cosas, la arcilla humana a la que vive vinculada su luz, — la miserable arcilla de que los genios de Arimanes hablan a Manfredo. Ariel es, para la Naturaleza, el excelso coronamiento de su obra, que hace terminarse el proceso de ascensión de las formas organizadas, con la llamarada del espíritu. Ariel triunfante, significa idealidad y orden en la vida, noble inspiración en el pensamiento, desinterés en moral, buen gusto en arte, heroísmo en la acción, delicadeza en las costumbres.   
              — El es el héroe epónimo en la epopeya de la especie; él es el inmortal protagonista; desde que con su presencia inspiró los débiles esfuerzos de racionalidad del hombre prehistórico, cuando por primera vez dobló la frente oscura para labrar el pedernal o dibujar una grosera imagen en los huesos de reno; desde que con sus alas avivó la hoguera sagrada que el ario primitivo, progenitor de los pueblos civilizadores, amigo de la luz, encendía en el misterio de las selvas del Ganges, para forjar con su fuego divino el centro de la majestad humana, — hasta que, dentro ya de las razas superiores, se cierne deslumbrante sobre las almas que han extralimitado las cimas naturales de la humanidad; lo
mismo sobre los héroes del pensamiento y el ensueño que sobre los de la acción y el sacrificio; lo mismo sobre Platón en el promontorio de Súnium que sobre San Francisco de Asís en la soledad de Monte Albernia. — Su fuerza incontrastable tiene por impulso todo el movimiento ascendente de la vida. 
             Vencido una y mil veces por la indomable rebelión de Calibán, proscripto por la barbarie vencedora, asfixiado en el humo de las batallas, manchadas las alas transparentes al rozar el «eterno estercolero de Job», Ariel resurge inmortalmente. Ariel recobra su juventud y su hermosura, y acude ágil, como al mandato de Próspero, al llamado de cuantos le aman e invocan en la realidad. Su benéfico imperio alcanza a veces, aun a los que le niegan y le desconocen. El dirige a menudo las fuerzas ciegas del mal y la barbarie para que concurran, como las otras, a la obra del bien. El cruzará la historia humana, entonando, como en el drama de Shakespeare, su canción melodiosa, para animar a los que trabajan y a los que luchan, hasta que el cumplimiento del plan ignorado a que obedece le permita — cual se liberta, en el drama, del servicio de Próspero, — romper su lazos materiales y volver para siempre al centro de su lumbre divina.


                Aún más que para mi palabra, yo exijo de vosotros un dulce e indeleble recuerdo para mi estatua de Ariel. Yo quiero que la imagen leve y graciosa de este bronce se imprima desde ahora en la más segura intimidad de vuestro espíritu. — Recuerdo que una vez que observaba el
monetario de un museo, provocó mi atención en la leyenda de una vieja moneda la palabra Esperanza, medio borrada sobre la palidez decrépita del oro. Considerando la apagada inscripción, yo meditaba en la posible realidad de su influencia. ¿Quién sabe qué activa y noble parte sería justo atribuir, en la formulación del carácter y en la vida de algunas generaciones humanas, a ese lema sencillo actuando sobre los ánimos como una insistente sugestión?
                ¿Quién sabe cuántas vacilantes alegrías persistieron, cuántas generosas empresas maduraron, cuántos fatales propósitos se desvanecieron, al chocar las miradas con la palabra alentadora,
impresa, como un gráfico grito, sobre el disco metálico que circuló de mano en mano?... Puedala imagen de este bronce — troquelados vuestros corazones con ella — desempeñar en vuestra vida el mismo inaparente pero decisivo papel. Pueda ella, en las horas sin luz del desaliento, 
reanimar en vuestra conciencia el entusiasmo por el ideal vacilante, devolver a vuestro corazón el calor de la esperanza perdida. Afirmado primero en el baluarte de vuestra vida interior, Ariel se lanzará desde allí a la conquista de las almas. 
            Yo le veo, en el porvenir, sonriéndoos con gratitud, desde lo alto, al sumergirse en la sombra vuestro espíritu. Yo creo en vuestra voluntad, en vuestro esfuerzo; y más aún, en los de aquellos a quienes daréis la vida y transmitiréis vuestra obra. Yo suelo embriagarme con el sueño del día en que las cosas reales harán pensar que ¡la Cordillera que se yergue sobre el suelo de América ha sido tallada para ser el pedestal definitivo de esta estatua, para ser el ara inmutable de su veneración!


Así habló Próspero. — Los jóvenes discípulos se separaron del maestro después de haber estrechado su mano con afecto filial. De su suave palabra, iba con ellos la persistente vibración en que se prolonga el lamento del cristal herido, en un ambiente sereno. Era la última hora de
la tarde. Un rayo del moribundo sol atravesaba la estancia, en medio de discreta penumbra, y, tocando la frente de bronce de la estatua, parecía animar en los altivos ojos de Ariel la chispa inquieta de la vida.   
              Prolongándose luego, el rayo hacía pensar en una larga mirada que el genio, prisionero en el bronce, enviase sobre el grupo juvenil que se alejaba. — Por mucho espacio marchó el grupo en silencio. Al amparo de un recogimiento unánime, se verificaba en el espíritu de todos ese fino destilar de la meditación, absorta en cosas graves, que un alma santa ha comparado exquisitamente a la caída lenta y tranquila del rocío sobre el vellón de un cordero.— Cuando el áspero contacto de la muchedumbre les devolvió a la realidad que les rodeaba, era la noche ya. Una cálida y serena noche de estío. La gracia y la quietud que ella derramaba de su urna de ébano sobre la tierra, triunfaban de la prosa flotante sobre las cosas dispuestas por manos de los hombres. Sólo estorbaba para el éxtasis la presencia de la multitud.   
                  Un soplo tibio hacía estremecerse el ambiente con lánguido y delicioso abandono, como la copa trémula en la mano de una bacante. Las sombras, sin ennegrecer el cielo purísimo, se limitaban a dar a su azul el tono oscuro en que parece expresarse una serenidad pensadora. Esmaltándolas, los grandes astros centelleaban en medio de un cortejo infinito; Aldebarán, que ciñe una púrpura de luz; Sirio, como la cavidad de un nielado cáliz de plata volcado sobre el mundo; el Crucero, cuyos brazos abiertos se tienden sobre el suelo de América como para defender una última esperanza...


Y fue entonces, tras el prolongado silencio, cuando el más joven del grupo, a quien llamaban «Enjolrás» por su ensimismamiento reflexivo, dijo señalando sucesivamente la perezosa ondulación del rebaño humano y la radiante hermosura de la noche: Mientras la muchedumbre pasa, yo observo que, aunque ella no mira el cielo, el cielo la mira. Sobre su masa indiferente y oscura, como tierra del surco, algo desciende de lo alto. La
vibración de las estrellas se parece al movimiento de unas manos de sembrador. 






sábado, 2 de marzo de 2013

Facundo Cabral (1937 - 2011)



No estás                 deprimido, 
estás distraído...




No estás deprimido, estás distraído.... distraído de la vida que te puebla, tienes corazón, cerebro alma y espíritu, entonces, ¿cómo puedes sentirte pobre y desdichado? Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además, no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco algo fundamental para vivir... No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubistein interpretaba como a nadie a Chopin a los 90, por sólo citar dos casos conocidos. No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un sólo pelo de tu cabeza, por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además la vida no te quita cosas, te libera de cosas, te aliviana para que vueles más alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. Y la vida es dinámica, por eso está en constante movimiento, por eso sólo debes estar atento al presente, por eso mi madre decía:  "Yo me encargo del presente, el futuro es asunto de Dios", por eso Jesus decía: " el mañana no interesa, el traerá nueva experiencia, a cada día le basta con su propio afán."

 
          No perdiste a nadie, el que murió simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. ¿Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que en la pobreza está más cerca el amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja porque nos hace desconfiados. No encuentras la felicidad, y es tan fácil, sólo debes escuchar a tu corazón antes que intervenga tu cabeza, que está condicionada por la memoria, que complica todo con cosas viejas, con ordenes del pasado, con prejuicios que enferman, que encadenan, la cabeza que divide , es decir , empobrece, la caebza que no acepta que la vida es como es, no como deberia ser.


               Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo".

Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición. No algo que te llegara de afuera

Además, la felicidad no es un derecho sino un deber porque si no eres feliz, estás amargando a todo el barrio. Un sólo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perugia, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileros, y los cigaros de Chef Davidoff, Las mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y la poesía de Whitman, Mahler, Brahms, Ravel, Debussy, Mozart, Chopin, Beethoven, Caravaggio, Rembrandt, Velásquez, Cézanne, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

Y si tienes cáncer o SIDA, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas ... y si le ganas, serás más humilde, más agradecido, por lo tanto, fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser.

No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas.

Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que  destruyan hay millones de caricias, que alimentan la vida.

El bien se alimenta de sí mismo. El mal se destruye asimismo. Si los malos supieran que buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio...

No estas deprimido, estas distraido...

Si escucharas al otro, al que llevas dentro, sabrías todo, en todo encontrarías algo para ti, entonces te elevarías constantemente y ya no habría confusión, sino matices y en esa serenidad no buscarías nada, entonces encontrarías todo. Y Estando en el presente dirías y harías lo que hay que hacer a cada momento, natural y graciosamente, sin esfuerzo, lo que haría que tu relación con los demás fuera plena y al crecer en el AMOR serías más creativo, sin límites ni condiciones. La ignorancia nos hacer sentir encerrados y mortales, es decir que nos encerramos y nos limitamos solos. El miedo nos distrae del AMOR, que es sabio y valiente porque sabe que no hay ni medidas ni fin.

Busca adentro y desaparecerán las nubes de la periferia. Quédate quieto y en silencio para escuchar al sabio que llevas dentro, el que tiene siglos, no años como tu cuerpo. Por eso está mas allá de tus caprichosas medidas, de los prejuicios que provoca el miedo, hijo de tu ignorancia. El sabio que está mas allá de los efectos que crees buenos o malos, ricos o pobres, oscuridad o luz, porque está en lo esencial, es decir en la mismísima causa, en lo invisible de donde surge todo. Y cuando escuches al sabio que llevas dentro, sentirás a la lluvia buena y saludable al frío....

Estarás tan atento a la causa, que todos los efectos serán luminosos. Ese estado de claridad  ayornará todos los rincones, por eso lo compartirás todo y a todos llegarás graciosamente, y entonces la riqueza se multiplicará a cada paso.

David le pidió sabiduría a Dios, que le dijo, "No pides poco, porque la sabiduría incluye todo".

No vives entre límites, sino en el mismísimo centro de lo milagroso, libre del ilusorio orden de la mente lineal, excitado por la imaginación y armonizado por la esperanza. Eres un espíritu que por un rato ocupa un cuerpo, un vehículo apto para este deambular por mares y montañas, entre delfines y elefantes, entre ciudades y desiertos que cada tanto lo cubren todo para recomenzar el cuento.

Y en el medio del mundo del espíritu juega la razón, que cura el cáncer, que facilita las comunicaciones, que estudia el terreno de Marte, que puso al hombre en la Luna. El pensamiento te lleva a nuevos lugares, o te hace ver diferente,... más ricos a los viejos. Y esto te cambiará tanto, que cambiará tu actitud frente al mundo, al que alguna vez quisiste cambiar en lugar de entenderlo. Y cuando cambies tendrás incidencia en él... Cierra los ojos y verás todo lo que será. Liberado del tiempo histórico viajarás a la velocidad de la luz, y ese viaje puede mejorar la vida de muchos, porque es incalculable el poder del pensamiento, que es   un grandioso alquimista que puede transformar cualquier circunstancia en una fiesta, es decir, cualquier metal en oro.

Una vez encendida la luz interior, nada puede apagarla, es tan perfecta e incorruptible como el oro, que simboliza el poder de la pureza, de lo esencial, es decir del espíritu, que es un viaje infinito y maravilloso porque estalla a cada instante vivido con profundidad.

La santidad es la meta prevista para todos, aunque pocos se den cuenta, o se animen a entrar en los caminos que llevan a ella. Abandonado el ego, comienzan los milagros, entonces sin lucha, recuperarás la fuerza natural, podrás provocar vida a través del AMOR, hasta caminarás sobre las aguas y curarás con la palabra. Recuerda Jesús dijo: -"Cosas más grandes verán, cosas más grandes harán".

No estás deprimido, estás distraído por tu ego, que distorsiona, lo contrario de la inocencia que aclara. El ego confunde a las cosas con su juicio, cree que las cosas son lo que él piensa que son, es más, el ego cree que las palabras son las cosas. El ego no vive, interpreta, es una constante actuación que nunca alcanza la realidad. En tanto la inocencia trata a todos por igual, por eso está más cerca de la felicidad, de la riqueza,... de la tranquilidad. La inocencia ve todo con asombro, por eso nos lleva de fiesta en fiesta. La inocencia cree lo que es una bienaventuranza, la inocencia es excitante, porque ve todo por primera vez, para ella el mundo está lleno de novedades, para la inocencia todo es un espejo, porque en la inocencia tomamos conciencia que somos parte de Dios, es decir,  el que se ve asimismo en todas las cosas. El inocente se divierte fácilmente porque todo le llama la atención: una vaca pastando, el tronco de un viejo árbol, las mariposas negras sobre los trigales dorados, el colibrí detenido en el aire, el panadero sacando el pan del horno, la noche estrellada, la lluvia del invierno, los leños ardiendo en el hogar, los papeles de Matisse, las caravanas de las hormigas y las de los beduinos, el sermón del domingo a la mañana y el fútbol del domingo a la tarde.

El ego le pone nombre a las cosas, pero el inocente las ve, el ego las juzga, el inocente las vive, el ego divide, la inocencia armoniza diferencias, el ego depende de la mente, el inocente del corazón. El ego es viejo, porque depende de la memoria, pero el inocente está naciendo a cada instante, el ego nos agota porque siempre lucha. El inocente flota graciosamente porque siempre se entrega. El ego se aburre porque no puede dejar de buscar. El inocente va de asombro en asombro porque  siempre encuentra y puede quedarse por la eternidad gozando el mismo caballo o la misma flor o la misma estrella, porque el inocente está tan entregado a la vida, que cambia como ella constantemente, por eso  lo mismo nunca es lo mismo, por eso la inocencia es fresca para siempre.

Ahora que estás solo y tranquilo, olvida lo que eres, porque eso es creación de los demás, ...y  escucha tu corazón... ¿Qué quieres ser?
¿Qué quieres hacer ahora, porque la vida es ahora mismo?
Olvida lo que crees que eres y comienza de cero ahora mismo, entonces convivirás con todos, fácilmente. Es tan grato vivir sin divisiones, bueno-malo, rico-pobre, negro-blanco, amigo-enemigo, compatriota-extranjero. Es tanta la liviandad cuando no hay enemigos, que podemos volar en cualquier momento porque la alegría tiene la simpatía de la magia.

No perdiste la inocencia, sólo la ocultas por miedo a la burla de los que...sólo pueden catalogar porque la perdieron. Déjala salir y recomenzarán los juegos de tus primeros años, pero enriquecidos por la inteligencia, libérate de los preconceptos de la memoria y mira todo como por primera vez, entonces te salvarás del aburrimiento que ensombrece a los que creen saberlo todo. Y no confundas a la actividad con la vida. Ahí está el sol, exactamente ahí, para que lo veas. Ahí está el árbol hace muchos años, para que te des cuenta que es una maravilla. Libérate de la imagen que te ayudaron a forjar los demás y volverás a la inocencia, que es nuestro estado natural, entonces estarás contento con las arrugas que confirman todo lo que viviste, es más, sólo en la inocencia sentirás que eres parte de lo que te rodea, es decir, sólo en la inocencia puedes ver a Dios.

No estás deprimido, estás distraído de la buena información, inevitable para una buena vida. Salomón o Borges, en lugar del periódico, Mahler o Bach, en lugar del televisor. Amistades inteligentes y positivas, en lugar de perdedores por indolencia e ignorantes desdichados por su propia decisión. De este modo recibirás la mejor energía, la esencial, porque el crecimiento es natural de la vida, el movimiento constante es su causa, y para estar listos para los cambios debemos estar libres y atentos, con las herramientas preparadas para ejecutar, cuando las energías pasen por nosotros. De lo contrario se esfumarán como el humo que sale de las chimeneas. Por eso es conveniente  estar cerca de los que son buenos receptores, los despiertos, los curiosos como: Bertrand Russell, Schopenhauer, Bradbury, Eco, Paz, Krishnamurti, Osho, por hablar de los más cercanos. El secreto de Einstein, era seguir a las cabezas más altas que la suya, como el secreto de Campbell fue meterse en todos los rincones de la historia. Sólo la inteligencia puede detectar como se entrelazan las cosas de la vida, sólo la inteligencia puede conectarnos con el universo, hasta comprender que somos parte de él, por lo tanto, tenemos su misma energía. Nada se repite, por eso hay que vivir ahora, y la vida entera está en cada acto, como todo puede nacer de un solo átomo. 

Y la inteligencia es la que ve antes de ver, la que escucha antes de escuchar, la que sabe a donde va lo que se está diciendo o haciendo, las grandes consecuencias de la mínima actitud, y sólo el que está presente puede comprenderlo todo, el que bebe directamente de la fuente de lo esencial, por eso sabe que todo puede suceder, por eso nada lo aflige, es más, al aprender de los errores, los transforma en aciertos. Nadie tiene derecho a la ignorancia, por eso lo pagará caro, y lamentablemente ensombrecerá el camino de todos, por lo tanto la ignorancia es una manera inconsciente del mal, como el ideólogo, que al separar puede llegar a provocar una guerra, el sabio sabe que la tarea es hacerse cargo de uno mismo y armonizar diferencias, porque separar, además de empobrecer, es un suicidio, por esa razón hay muertes hasta en las canchas de fútbol. El sabio no separa, porque todo es parte del todo, sólo está atento para ver las conexiones.

Alguna vez canté,... que se mueve alguna estrella cuando arranco una flor.

El sabio, está en el río que une todo. En la energía que lo entreteje todo, el sabio sabe que es un sueño más de Dios hecho realidad; salvo que lo que llamamos realidad sea otra manera del sueño.

Donde el ignorante ve dos cosas, el sabio ve una, y ese uno es la verdad. El sabio se ve en lo que ve, es iluminado e ilumina, es consciente de que él también es luz, - es decir el estado más elevado del ser-.

Lo que llamamos muerte es el estado más sutil de la luz. Si quieres vida, vive en paz. Si quieres muerte, vive en guerra. Cuida cada palabra, porque estamos estructurados en palabras. No hieras ni ofendas a nadie, porque de uno en otro, puede volver a ti transformada en una bomba. San Agustín aconsejaba "sólo pide justicia, pero sería mejor que no pidieras nada". O Dicho de otra manera, no interrumpas con tu pequeña cabeza, la gloriosa tarea del señor, al que San Francisco pidió," haz de mí un instrumento de tu paz". Que donde haya tristeza, yo lleve alegría. Que donde haya oscuridad, yo lleve luz. Que donde haya odio, yo lleve AMOR.

La oración dilecta de mi madre dice: "Señor, te pido perdón por mis pecados ante todo por haber peregrinado tus muchos santuarios, olvidando que estás presente en todas partes. En segundo lugar te pido perdón, por haber implorado tantas veces tu ayuda, olvidando que mi bienestar te preocupa más a ti que a mí. Y por último, te pido perdón, por estar aquí pidiéndote que me perdones, cuando mi corazón sabe que mis pecados me son perdonados antes que los cometa. ¡Tanta es tu misericordia, amado Señor!".

No te agotes compitiendo, Dios sabe lo que es para ti, y el dato está en tu corazón, entonces, haz lo que amas, no hay otra manera de vivir. El mismo AMOR que me trajo, te trajo. Por eso es un error decir que hacemos el amor, el AMOR nos hizo y nos modela día a día, y esto depende de lo blando, de lo abierto que estemos. Y por ser obra del AMOR, el ser humano es maravilloso. A él le debemos el pan, el queso, el vino, la música, la pintura, los aviones y las computadoras entre otras tantas cosas.

Y si el hombre es lo que ama, somos todo lo que fue, lo que nos hizo posible. Desde Buda hasta Rembrandt, desde Mozart a Picasso, desde Copérnico a Freud. Somos el viento que refresca y la lluvia que renueva, somos la nieve del invierno y las flores de la primavera, somos la luna, el sol, somos otro fruto de Dios.

Yo soy un recién nacido, pero por la experiencia que guardó mi memoria, ya no quiero herir a nadie, porque sé que la agresión trae enfermedad, es decir, complica más las cosas. Somos parte de la misma cosa por lo tanto, si te hago mal, me hago mal. Antes me movía la razón, que es objetiva, ahora el AMOR, que es la razón del universo. Pero... no perdí el fuego, es más, ahora tiene mayor calidad, porque antes quemaba y ahora ilumina, es decir, que pasé de destructor a constructor.

Al pobre le hablo de esperanza, y al rico de conversión. La esperanza salvará al pobre y la conversión purificará al rico. La esperanza del lado del pobre y la conversión del lado del rico, acercará a nuestros hermanos. Y yo vine a trabajar para ese encuentro, y cuando todo se junte no habrá cerraduras en las puertas, ni habrá fronteras. Entonces todos compartirán todo, por lo tanto reinará el buen humor. Clinton y Castro jugarán tennis en Cancún, y Hussein llevará a sus hijos a Disney World.

No estás deprimido, estás distraído de la paz. Por eso te pregunto, ¿cuándo vas a dejar de pelear, para comenzar a vivir?, porque no se pueden hacer las dos cosas a la vez.

Me preguntas cuando volverá Jesús, y te digo que nunca se fue, que siempre estuvo en tu corazón, sólo tienes que callar a la cabeza y escucharlo.

Nadie se hace la gran pregunta ¿quién soy?. Todos siguen cumpliendo un papel, generalmente decidido por los demás, como el éxito y el fracaso.

Todos son lo que se ve, sus cuerpos o sus logros materiales, y las cosas materiales son tan importantes, que los amores que comienzan en los parques terminan en los tribunales. Todos ejercen la mendicidad de alguna manera, olvidando o no enterándose jamás que son príncipes, partes de un universo extraordinario, al que olvidan por pequeñeces locales, parroquiales, a veces sólo familiares.

Reconozco muchas caras y conozco algunos nombres, pero pocos individuos que sepan quienes son. Me preguntas dónde puedes encontrarme, y te digo en cualquier parte, porque soy parte del universo.

El nombre y el oficio son distracciones, cárceles, limitaciones, un camino que nos marcan y que seguimos ciegamente. Tan ocupados,... que jamás nos detenemos a pensar quienes somos. Y el espíritu, que es lo que somos, no acepta condiciones, por eso no hay que confundir lo material con la realidad, por lo tanto, no hay fronteras, aunque la mayoría las necesite por miedo a lo infinito. Por eso inventó a instituciones como el matrimonio, el nacionalismo, los ideales, la patria. Estacas a las que se ata, para no tener que vivir la totalidad. La casa de uno es uno, por eso yo estoy bien en todas partes, y a mi casa entran y de mi casa salen pensamientos y sucesos constantemente. Y si mi casa soy yo, que soy parte del todo, ... Mi casa es este mar y esta playa, esos delfines y este hotel, esta silla y aquel velero que deja una estela blanca sobre el turquesa que inventa la luz, que también es mi casa, como la sombra que puebla los laberintos de la mente de los locos, que también son mi casa,  como la música de Mahler, la pintura de Cézanne, los cigarros de Davidoff  y el rock and roll.

No puedes mover a tu cuerpo, porque está demasiado cargado de pasado. Olvida hasta tu nombre y comienza de nuevo en este momento, e inmediatamente sentirás que vives en un mundo maravilloso. Cuando sientes que no eres lo que piensas, puedes volar.

El principio y el final, es decir, la vida y la muerte, son invenciones de la mente. como sufres cuando se va tu hijo, porque te acostumbraste a pensar, que eras sólo padre. Deja al pasado de lado y sentirás toda la vida, sólo las moléculas se disuelven, la conciencia no muere con la materia.

La luz de la conciencia seguirá iluminando los infinitos caminos de la vida. No somos tan malos como creemos, por eso la paz es posible y la paz, es el punto más alto que podemos alcanzar.

Parece que Dios nos ama más que nosotros mismos, porque sigue dándonos oportunidades todos los días. Francisco tenía razón, el sol y la luna son hermanos. Los animales y las plantas son nuestros hermanos, porque todos somos criaturas del Señor. Entonces, nuestras obras son nuestras hermanas y hermanas del sol, la luna, los animales y las plantas. Y si digo nuestras obras, digo la pintura, la música, la literatura, los automóviles, los aviones, los teléfonos, las computadoras.

No busques afuera lo que no tienes adentro, no puedes pedir AMOR si no lo diste. No puedes pedir justicia, si no fuiste justo. No puedes buscar paz afuera, si no la tienes dentro. Pero no hay apuro, tienes a la eternidad delante, además el trayecto suele ser más emocionante que la llegada, si es que se puede llegar a alguna parte. Entonces, lo sensato es recomenzar a cada instante, y sin impaciencia desaparecerá la violencia. La vida le gana a la muerte, por eso nace más gente de la que muere, y nacen más en los países pobres que en los países ricos, ocupados en fabricar armas para matar a la mayor cantidad de gente posible, tarea grosera e inútil, porque la vida vence a la muerte, que al fin y al cabo es una manera de recrear, por eso el arte, que es una fiesta, sigue inventándole fábulas a la vida, para llenar de esperanza a la gente, y esto en un lenguaje que nos llega a todos: la belleza.

La paz hace nacer pueblos y enriquece a todos, pueblos que se comunican entre sí, gracias al arte, que no tiene fronteras. Pueblos que no dejan de elevarse como Manhattan, un desaforado Mondrian de acero. Pueblos que flotan graciosamente, como Ámsterdam, pueblos de rincones luminosos como París, al que Cortázar pudo ver desde Buenos Aires y Henry Miller desde New York. Pueblos como Sevilla, apoyados en el canto, pueblos como Copenhague, de plazas congeladas, para que vuelvas a los hogares, donde los leños ardiendo son la mejor compañía de Ravel. Pueblos como Zurich, de cajas fuertes rodeadas por lagos y cisnes. (Fue una tragedia para Salvador Dalí, la muerte del suyo.)

En la paz, todo es creación, es un vivir en arte, la paz me sonríe, me envuelve con su aire fresco. La paz me hace gozar como nadie al sol de todos. Por la paz mi canto se eleva muy alto y agiorna los rincones más bajos. La paz es el poema que mejor me modela. En la paz, mis hermanos trabajan la tierra, y mis hermanas tienen hijos, en la paz se siente cómoda la libertad y es fácil la justicia.

La paz, es una flor donde están todas las primaveras, en la paz, nos miramos a los ojos y compartimos todos nuestros sueños, por audaces que sean. En la paz, uno es uno mismo, sin esfuerzo, en la paz, todo me da derecho, a sentirme hijo de Dios.

No seas desagradecido, piensa cuantas cosas tuvieron que conectarse, desde lo más recóndito del universo para que fueras éste que eres. Para que pudiera ser la ciudad donde vives, piensa cuantos millones de años tuvieron que pasar, para que tuvieramos conciencia de la maravillosa inmensidad que nos rodea, y de la que somos parte.

"Yo soy nosotros", dice Marcos Constance, que tiene una visión transpersonal, es decir, que ya está en la nueva era.

Abre los ojos de tu corazón y lo verás a Dios, que es lo que nos habita cuando estamos conscientes, entonces sentirás que el espíritu se recreó, hasta llegar al hombre, que llega a tener conciencia de Dios. El hombre, en que se repite toda la evolución. Somos el final de una cadena extraordinaria que tiene 15.000 millones de años, tal vez seamos el objetivo de la creación, entonces nuestra religión es universal.

Arriesga,... la vida es cambio permanente, por eso siempre te da revancha. Recuerda que el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada. Ahora que estás solo y tranquilo, que estas contigo mismo, único ser del que eres responsable te diré:

          Deja que la curiosidad te lleve a donde sucede la vida, no seas espectador de la televisión, sino protagonista de la tierra, recuerda que a los que se animaron les debemos todo, píntate un sí en la frente antes de salir a la calle para que se te acerquen los que quieren vivir, sin preocuparte por el tiempo,... porque en una eternidad se recomienza a cada instante. Y no pierdas energías cuidándote, porque la vida es bello peligro.

Si mi madre se hubiera cuidado de mi padre, yo no estaría aquí. Si nos juntamos somos ricos. Tu tienes lo que yo no tengo y viceversa. ¿Y qué sucedería si nos juntamos todos, desde el cada uno que hay en cada cual? 

La vida nos propone tantas cosas permanentemente, que hay que hacer  más esfuerzo, para seguir siendo pobre y desdichado, que rico y feliz. No olvides que eres un aristócrata, un príncipe, porque eres hijo del rey del universo. Sólo tienes que darte cuenta. Recuerda que Jesús decía, "que al pan lo trae la verdad y a todo lo que necesitas". Entonces no hay límites, tú decides a donde quieres llegar, y esto con la alegría que abre todas las puertas, porque para Dios, siempre somos niños, entonces la vida es un juego maravilloso, un juego que incluye al todo y a todos.

Estas hecho a semejanza de Dios, entonces puedes recrear todo. Cuando dices no puedo, estas diciendo, no quiero. Ya hay demasiados mártires, necesitamos héroes. Levántate y anda!,.. yo te acompaño, como te acompañarán todos los que se animan a vivir mejor, los que terminan favoreciendo a toda la humanidad, que es la grandiosa empresa a la que pertenecemos todos.

Camina tranquilo, que no te confundan los noticieros, el bien es mayoría, que no te distraigan de tu tarea, que es alcanzar la plenitud, nada como vivir en uno mismo. Sólo así, puedes sentirte en casa como en cualquier parte, entonces nada es lejos ni ajeno. Si cada uno fuera cada cual, la sociedad sería una orquesta, enriquecida por todos los sonidos, por todas las voces,  una grandiosa armonía de individuos, la sinfonía donde todos aportan su voz, una partitura escrita para cada uno de los instrumentos, es decir, una partitura respetada por todos. Pero esa orquesta que deberíamos ser, está fragmentada, porque todos estamos contra todos y esto nos ha agotado y desesperanzado, por eso perdimos la imaginación que podría darnos alguna idea de convivencia. Pero el miedo que es ignorancia, nos separa más y más y este divorcio nos enferma y empobrece a todos, porque la humanidad es un repertorio riquísimo, tan brillante como interminable y todos tenemos que ver, porque todos venimos de un primer hombre, de una primera mujer, eontonces, hay negros y chinos en mí, soy tan bueno como Jesús y tan peligroso como Hitler. Soy tan musulmán como ateo, muero como el que muere y nazco con el que nace. Todos somos fecundados y auxiliados por todos, pero desestimamos a todos,.. porque nos desestimamos. En lugar de enriquecernos con el otro, le escapamos, nos combatimos, en lugar de asociarnos. Y Matar al otro es suicida, porque... es una continuación nuestra. El odio que es miedo, nos ha traído a esta desesperanza donde se ahoga la imaginación, y sin imaginación, perdemos la bendita semejanza, es decir, dejamos de ser creadores.

La tarea, es armonizar esta gigantesca variedad que es la humanidad, porque esto enriquecería a todos. Hasta hemos dejamos de decir cosas bellas a las mujeres, porque ahora puede ser considerado acoso sexual. Pronto tendremos que salir a la calle con un abogado, parecería que vivir es una secuencia de pleitos. La tarea es comprender que la vida son subidas y bajadas, constante movimiento, ...es decir, cambios, entonces tenemos que sacar de nuestro lenguaje la palabra decadencia, que es un etapa más, nada es para siempre. 

Por eso debemos estar atentos, listos para el cambio, para toda circunstancia, porque la vida es como es, no como debería ser. Todo nos fue dado, por lo tanto, nada nos pertenece, sólo nos queda gozar lo creado, y cuidarlo para el que vendrá, que es una continuación nuestra, como nosotros somos continuadores de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros bisabuelos y así hasta Adán, el rojo Adán, como le gustaba decir a Borges, que cometió el peor de los pecados,... no fue feliz, por eso se sentía perseguido por la sombra de haber sido un desdichado.

El primer dato de sabiduría es saber quién es el que sabe. El segundo, estar en lo amado, que nos hace más brillantes, porque estar más atentos, por eso rendimos más. El AMOR nos agiorna de tal manera, que enamoramos a todos. Está permitido que te caigas, pero no que te quedes en el suelo. En este momento la sociedad está detenida por una congestión del tránsito, que ya es desmesurado, porque las ciudades ya son desmesuradas. O tal vez dejamos de pensar para cambiar todas las ideas y comenzar de nuevo.

Ya no habrá grandes mitos que seguir, ideologías. Ahora deberemos comunicarnos de hombre a hombre, porque esta es la era del individuo, por eso la Internet. Entonces aumentará la calidad, desaparecerá lo macro, para que señoree lo micro. Esto quiere decir, que de aquí en más no habrá televisor, política o familia que pueda apagar ese fuego sagrado que es el alma, donde vive para siempre la inteligencia, alimentada por el universo desde hace tantos siglos.

Los que preguntan avanzan, los que no preguntan se quedan, es decir, mueren, porque la vida es movimiento. Todo se recrea a cada instante, por eso hay que estar atento.

Por una mujer, te pierdes al resto. Por una casa te pierdes el mundo, es decir, por una esquina te pierdes mares y ríos, ...delfines, ballenas, salmones, tiburones. Por una familia, una ideología y una religión, te pierdes arquitectos, egiptólogos, poetas, filósofos, chamanes, antropólogos, profetas, miles de maneras de ver al espíritu y las estrellas, orquídeas de Colombia, Bacon, Giacometti, Nietzsche, el Golfo de Acaba, Alejandría, Tokio, la Grecia de Homero, que tanto amo Lorens...? , Guanajuato, donde me enamoré de Catherine Valezca, aunque no tuve oportunidad de decírselo. Chichicastenanco, donde con una danza ordenaron a mi esqueleto. París, donde Rilke veía despertar a la belleza cada mañana al lado de Rodin. El trastevere romano, donde Fellini dibujaba sus personajes, donde el Moisés de Michelangelo  está harto de los turistas que los asfixian en San Pietro in Víncoli, - donde apenas cabe-. Londres, Berlín, Bruselas, Praga, donde los escritores románticos tenían una idea tan alta de la felicidad que nunca la alcanzaban, por eso se sentían desdichados, tristeza que los excitaba, dolor que gozaban, como los cantaores flamencos y los cantores de tango.

Madrid, donde Lupe siempre está al borde del pensamiento, pero nunca cae. Miami, que es el puente que comunica a los latinos con los sajones. El desierto de Sonora, donde conocí a Erich Fromm... que decía que Susuki era un budista Zen, porque lo había experimentado, y esa autenticidad lo hacía difícil de leer, porque el Zen no da respuestas racionalmente satisfactorias, pero sí los libros de los intelectuales occidentales, que lo explican más fácilmente, aunque no lo hayan experimentado.

No idolatres a nada ni a nadie, porque tener una idolatría es perder la independencia, y esto es conflicto, enfermedad segura. Como fácil se pierde lo que se ganó sin esfuerzo, como sigue siendo pobre, el que no goza lo que le sobra. El gran paso es ir de la egolatría, que te compromete, que te  esclaviza a tantas cosas externas, a la libertad interior, entonces se alcanza la paz, y la paz te hace vivir todo con plenitud, es decir,  te enriquece.

Los últimos salvadores son dudosos, pero no afectan la enseñanza de Buda, ni enferman a la Biblia. La enseñanza de Buda no está debilitada por el que no cree en la trasmigración, ni muere la Biblia porque se enfrente al saber mas realista de la historia de la tierra y de la evolución del hombre. Como es inocente pensar en una sociedad sin delincuentes. Pero cualquiera puede ser mejor si se lo propone. No le bastan las buenas intenciones al universo, que es como es, no como nos gustaría que fuera. La verdadera fe comienza trabajando en uno mismo, para creer en uno mismo. Y cuando uno esta bien plantado en uno mismo, se anima a ver todo, entonces conocemos a la realidad y de ahí en más podemos comprenderla, entonces nos salvamos de las decepciones.

Sabemos que detrás de una máscara, siempre hay otra, como también vemos la pureza en la desnudez, las libertades del jazz y los ritos de las dictaduras. Aceptar la realidad es salvarse de los engaños, entonces la verdad nos hace vivir plenamente.

No te engañes, entonces nadie te engañará. Sé firme como Buda, como Jesús, como Espinoza, como Einstein, como Ford, firme pero abierto al mundo, atento a las propuestas de la vida. Predica las virtudes, pero no calles las verdades. Nunca te arrepentirás de haberte animado, y nunca te perdonarás no haberlo hecho. Además, no tienes nada que perder, porque ni una sola de tus orejas es obra tuya, y no te preocupes por tu futuro, porque al final del camino no te espera la cima de la montaña, sino la paz del valle. A nadie tienes que rendir cuentas, sino haces mal a nadie, como a nadie tienes que explicar nada, por eso no debes agotarte en las vanas tareas de querer convencer y gustar. Lo importante es que estés convencido y te guste lo que haces. Y si tienes un gran sueño, debes que estar dispuesto a un gran esfuerzo para concretarlo, porque sólo lo grande alcanza lo grande. Si estudias superficialmente, aprenderás superficialmente. Si vives por la mitad, sólo conocerás la mitad de la vida. Si tienes la cabeza dividida, verás al mundo dividido. Si trabajas por obligación, serás un desocupado, un desdichado más. Si tienes miedo, no conocerás al AMOR, que es valentía.

No estás deprimido, estás distraído del presente donde sucede la vida, por ejemplo: los amaneceres y los ocasos, las gaviotas, los cóndores, las águilas, las palomas y las golondrinas, las montañas, los valles, los ríos y los mares, el deporte, el arte, la agricultura, la arquitectura, las selvas, los guacamayos, los monos, los tigres, los leones, los cocodrilos, los elefantes, los arroyos, los seres humanos de todos los colores, el ilusorio tiempo que te empuja y la eternidad que te permite cambiar de rumbo y recomenzar a cada instante.

No estás deprimido, estás distraído de las maravillas que suceden alrededor tuyo, desde nacimientos a cosechas, desde revoluciones a conciertos, desde campeonatos de fútbol a viajes interplanetarios.

No estás deprimido por algo que pasó, sino distraído del todo... que es ahora mismo.